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miércoles, 26 de diciembre de 2012

PACHÓN NAVARRO


PACHÓN NAVARRO

 Características

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NACIONALIDAD

Española.

TALLA

Alzada a la cruz: un mínimo de 48 centímetros y un máximo de 60 centímetros.

PELO

Corto, liso, de textura dura y apariencia basta.

COLORES

Se admite una gran variedad de capas: monocolores, bicolores, tricolores y particolores.

COLA

Inserción media. Recta, gruesa. En reposo cae como prolongación de la grupa y cazando va con porte alegre y movimiento lateral de un lado a otro.

OREJAS

De porte alto e inserción por encima de la línea del ojo. Caen hacia delante, planas y anchas en la base y borde inferior redondeado.

CRÁNEO

Ancho, con senos frontales bien marcados, surco craneal profundo dividiendo el cráneo en dos hasta el hocico. Stop pronunciado.

OJOS

Grandes y más bien redondos. Mirada frontal. Color castaño a miel.

NARIZ

Amplia, fosas nasales grandes y abiertas, de perfil anterior recto. En algunos ejemplares se presenta la denominada nariz partida o doble nariz.

PECHO

Muy ancho y robusto, buena separación entre patas. Profundo y bien descendido hasta el codo.

MIEMBROS ANTERIORES

Con hueso potente. Bien aplomados.

MIEMBROS POSTERIORES

Muy robustos y musculados, con buena angulación en las rodillas.

PIES

Delanteros y traseros redondeados, dedos arqueados en el delantero.

Pachón navarro - Ficha 

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• CRONOLOGÍA MODERNA

S. XIX. Es el momento de máximo esplendor de la raza, con numerosos ejemplares en manos de cazadores y siendo el perro estrella en las primeras exposiciones caninas organizadas por la Asociación General de Cazadores y Pescadores de España. 1912. En la clasificación de las razas caninas españolas, establecida por la Real Sociedad Canina en 1912, se menciona el pachón navarro, aunque ningún ejemplar llegue a inscribirse en el LOE. 1969. El pachón se encuentra en plena crisis; han desaparecido los buenos perros y las razas caninas españolas se olvidan, en tanto se importan las inglesas o centroeuropeas. 1979. Tuvo lugar la que ha sido denominada ‘Recuperación Pachón’, con más de 2.000 kilómetros de búsqueda tras la primitiva raza de muestra española.

• CARÁCTER

Dócil, tranquilo e inteligente. Sociable tanto con los humanos como con otros perros. En el campo es un trotador vigoroso, resistente y propenso por naturaleza a cazar en equipo con el cazador.

• UTILIZACIÓN

Perro de muestra para caza menor de pelo y pluma, se adapta a cualquier tipo de terreno. Su caza es al trote, ordenada y cercana al cazador, con el que forma un tándem de manera espontánea, desarrollando la llamada caza inteligente. Posee un carácter dócil y demuestra una especial aptitud para el cobro.

• MANEJO PRÁCTICO

Perro de natural sano, apenas necesita más cuidados veterinarios que los comunes a todos los perros. Es conveniente realizar una inspección periódica del perro después de una jornada de caza, a fin de descubrir eventuales espigas o parásitos.

 El legado de la historia

El pachón navarro es un maestro de la caza práctica, real, sin prisas, sin apuros de tiempo. Caza a un ritmo humano, respetando la marcha del cazador, rabeando con una alegría contagiosa y altamente comunicativa, sabedor de que debe mantenerse en estrecha comunicación con la escopeta. Muy eficaz, pone piezas que un pointer o un braco se dejaron atrás por su ritmo frenético.
Se trata de una raza centenaria y, sin embargo, para hablar de ella se hace preciso comenzar por una fecha muy reciente. En octubre de 1979 nació nuevamente a la historia cinológica española el pachón navarro. En esa fecha se produjo la que ha sido denominada ‘Recuperación Pachón’, con más de 2.000 kilómetros de búsqueda tras la primitiva raza de muestra española, llevada a cabo por Luis Arribas Andrés, Carlos Contera Alejandre y José Manuel Sanz Timón, en una investigación de campo sobre la raza en sus zonas de origen: el País Vasco, Navarra y la cuenca del Ebro, insólita en nuestra cinofilia. A lo largo de nueve días, el recorrido abarcó varias comarcas de Álava, Burgos, Navarra, Logroño y Zaragoza, recorriendo unos 170 términos municipales, que fueron investigados a fondo. La conclusión fue que la agrupación étnica denominada pachón se encontraba, en lo referente a ejemplares típicos, en un estado de abandono total, siendo escaso el número de ejemplares recuperables.
Aplicando un riguroso criterio en la aceptación de tipos, los ejemplares más interesantes se localizaron en la zona de origen de la raza, el antiguo reino de Navarra, con sujetos que, introducidos en una recría racional, podían garantizar la conservación y mejora del pachón de pelo corto. Más crítica se presentaba la situación del pachón sedeño o pachón navarro de pelo largo, variedad conocida desde muy antiguo y acreditada por documentos del siglo XIV en adelante. Este perro está cubierto por un pelo largo y suave que le cubre todo el cuerpo, con penacho en la cola y flecos en pecho, orejas y parte posterior de las extremidades. Si el pachón de pelo corto posee unas cualidades distintivas que exhiben muy pocas razas de muestra, no ocurre así con la variedad de pelo largo, que se parece mucho a los epagneuls franceses y a los picards, lo que hace extremadamente dificultosa su recuperación.
Los autores del viaje razonaban las causas de que los cazadores contestaran con tanta frecuencia lo siguiente: “¿Pachones? Aquí los hubo, pero ya no queda ninguno”. Y éstas pueden resumirse en cuatro puntos fundamentales. La disminución de la caza menor en la cuna de la raza, favorecida por la escasa desforestación y la repoblación arbórea de la región. La intensificación de la caza con sabueso ocasionada por una mayor riqueza de caza mayor, especialmente jabalí, al incrementarse la zona boscosa. La invasión de razas foráneas, especialmente perros ingleses, que cruzados con la raza autóctona, han aligerado y bastardeado el tipo original. Y, finalmente, la desidia y el abandono secular hacia nuestras razas caninas.

El abandono de ayer

En la clasificación de las razas caninas españolas adoptada por la Sociedad Canina Central en 1912, tras su fundación, se recogen siete razas de perros de muestra: pachón de Navarra, pachón de Vitoria, perdiguero, perdiguero de Burgos, perdiguero de Mallorca, gorgas de Alicante y barbas. Teniendo constancia de su existencia, no se efectuó ni una sola inscripción de pachones de Navarra en los libros genealógicos. Y esta raza disfrutaba de buena salud, aunque no se inscribiesen los perros, hasta la década de 1960. Los pachones son una de nuestras agrupaciones autóctonas más acreditadas desde la Edad Media hasta nuestros días; se trata del primigenio tronco ibérico de perros de muestra nacidos en aquel célebre reino de Navarra que englobó las actuales provincias de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra.
Y la verdad es que en aquellos años en los que se fundó la Sociedad Canina, el pachón navarro gozaba de una situación privilegiada si lo comparamos con los otros perros de muestra autóctonos. En 1903 Carlos Crestar se lamenta del estado de abandono del perdiguero burgalés y afirma que “más afortunado el pachón navarro, conservase entre los pueblos comprendidos entre Pamplona y la frontera francesa, y las magníficas parejas preñadas en la exposición que se celebró en 1899 hacen esperar que muy pronto esté la raza purificada por completo”. Una esperanza que no cuajó, como sabemos, y que permitió, medio siglo más tarde, que Gibert Buch en 1969 escribiera: “los mejores pachones navarros están en las perreras de los criadores alemanes deperros de muestra”.

La nariz partida

La doble nariz no es la característica más genuina del pachón navarro, aunque tenga algo de icono para la raza. El surco cráneo medio llega hasta la cara, y en ocasiones se ve reflejado en una hendidura nasal, provocando en la trufa, muy amplia, la partición conocida como doble nariz o nariz partida. La nariz partida no supone mejor olfato ni es garantía de pureza racial, por lo que no debe concedérsele un valor del que carece. Por desgracia, esta característica ha sido utilizada como garantía de calidad por gentes sin escrúpulos. La doble nariz se ha dado en numerosas poblaciones de bracos, pero la selección ha ido dirigida a su eliminación. En España es un hecho que el cazador tradicionalmente escogía en las camadas los perros que tenían doble nariz, suponiendo que eran mejores cazadores, un tópico mantenido durante años. Lo importante en una raza es la tipología, que en el pachón es mucho más completa que la existencia o no de nariz partida.

La importancia de conservar

Mantener la diversidad zoogenética no es un capricho de los grupos ecologistas, ni la bandera de trasnochados nacionalismos, sino una garantía de que en el futuro la diversidad evitará la desaparición de las especies. En la actualidad unas pocas razas de muestra se han universalizado en detrimento de las restantes, hasta el punto de que media docena de razas suman cientos de miles de ejemplares, en tanto que los supervivientes de las locales se cuentan con los dedos de la mano. Una de las mayores amenazas es que la cinofilia moderna se basa en unas pocas razas que han sido seleccionadas de forma intensiva, apareciendo gran cantidad de taras genéticas que vienen denunciado los colegios de veterinarios y otras agrupaciones interesadas en el bienestar animal. Un hecho que pone en peligro la pervivencia de las razas locales.
Las razas de perros autóctonos poseen rasgos muy valiosos, como capacidad de adaptación al ecosistema, resistencia, rusticidad, etc. Se mantienen con una alimentación muy moderada, ocasionando gastos mínimos, y son capaces de reproducirse a pesar de estas condiciones adversas. Sin embargo, la teoría y las buenas intenciones se cargan de matices al llegar a la práctica. El mercado manda y los criadores de perros, siempre persiguiendo intereses comerciales, desisten de recuperar unas razas que no se adaptan a las variaciones de la demanda del mercado, marcada por la moda. Así, conservación y desarrollo parecen enfrentarse, sin tener en cuenta que muchas de estas razas autóctonas no han tenido la oportunidad de demostrar su verdadera valía. Por eso, trabajos de recuperación, selección y conservación, como el efectuado en el pachón navarro por Carlos Contera y su familia, son encomiables. Quince años de investigación y varias generaciones de cría controlada antes de comercializar el producto exigen pasión y sacrificio, pero indudablemente dan magníficos resultados.

Un trabajo meritorio

España no es país donde se reconozca fácilmente el trabajo ajeno, pero al hablar del pachón navarro, no puedo negar mi respeto por el trabajo llevado a cabo por la familia Contera con la raza, a cuya dedicación debe la raza su pervivencia. Detrás de nuestras razas autóctonas hay nombres y apellidos. ¿Qué sería del sabueso español sin Antonio Miján Lopez? Si Carlos Contera puso los mimbres de esta recuperación, tanto en el aspecto técnico de la cría (con una metodología moderna consecuencia de sus conocimientos como veterinario), como en el estudio histórico de la raza (que permitió conocer cómo fueron en el pasado los pachones y que debía ser tenido en cuenta en esa recuperación, fruto de su labor de investigador de las razas caninas españolas), nada de esto habría cristalizado sin el trabajo de Manuel Contera. Manuel Contera fue un cazador de a pie, hombre al que le interesaba el perro útil, ése que da caza, el que permite mostrar orgulloso la percha de la jornada, y un entusiasta del pachón navarro, raza en la que encontró lo que su corazón de cazador anhelaba: eficacia cinegética. Desde la década de 1980 hasta su fallecimiento, crió con mimo, con el esmero del que sabe que tiene un tesoro en sus manos, pachones navarros. La raza le debe mucho.

Un cazador inveterado

El pachón navarro es el espejo más evidente de la pasión del cazador español por la caza menor, capaz de retar de tú a tú a la brava perdiz roja, de detectarla, bloquearla y sacarla al vuelo, así como de entretenernos en la gozosa caza del conejo. Se ha de desterrar el tópico del perro de caza  poco ágil, pues los pachones son verdaderamente poderosos en la búsqueda, perros para hacer una buena percha, rindiendo magníficamente tanto en las viñas como en los olivares. Es el pachón navarro una interesante opción para aquellos cazadores con inquietudes por encima de la moda, que apuesten por este perro que no yerra la emanación de la perdiz, que no atropella la pieza y que permite tirar a la distancia adecuada. Baja la nariz y busca en cada rincón, en cada matojo, en cada zarza, en la linde del camino, allá donde pueda localizar caza. Una de sus grandes virtudes es su estilo de caza, al trote sostenido, con secuencias galopadoras que se adaptan perfectamente a la caza de la perdiz.
La razón de ser del pachón navarro ha sido muy bien expuesta por Carlos Contera en esta misma revista hace casi veinte años: “Muchas razas hoy son criadas por profesionales o semiprofesionales de los concursos. Ha nacido el cazador competitivo con caza sembrada. Cuando esos perros de competición llegan a manos del cazador tradicional, le defraudan. Son animales criados en un sistema que ha convertido un instrumento de selección (los concursos, pruebas de campo, test) en el objetivo de selección. Hemos proclamado que el sistema es erróneo. Lo repetiré mientras en España queden cazadores de los tradicionales sobre caza salvaje. Nosotros seleccionamos un perro para cazadores, un todo terreno, duro y rústico, un perro para todo tipo de piezas, que para muy bien y consigue cobros de relato. Un perro ante todo útil, práctico. Un perro de afición inextinguible. Un perro para cazadores. Un auténtico pachón navarro”.
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viernes, 7 de diciembre de 2012

EPAGNEUL BRETÓN


EPAGNEUL BRETÓN

EPAGNEUL BRETÓN

GRUPO

7

SECCIÓN

Sección 1: Perros de muestra continentales

NACIONALIDAD

Francesa

TALLA

Altura de 57 a 60 cm. a la cruz en los machos, un poco menos en las hembras.

PELO

Debe ser fino, no sedoso. Es liso o ligeramente ondulado sobe el cuerpo, nunca erizado. Es raso sobre la cabeza y la cara anterior de los miembros. Las extremidades posteriores presentan un pelo abundante, con un flequillo que disminuye progresivamente de longitud hasta el carpo y el tarso, y aún por debajo.

COLORES

Pelaje “blanco, naranja”, “blanco y negro”, “blanco, marrón”, con parches de color diferente más o menos extendidos, de franjas irregulares. Pelaje pío o roano que a veces es moteado sobre la caña nasal, los labios o los miembros.

COLA

De inserción alta, se presenta en forma horizontal o ligeramente colgante. El perro la mueve a menudo cuando está atento o en acción. Puede nacer anuro.

OREJAS

De inserción alta; son de forma triangular, bastante anchas y más bien cortas. Están parcialmente cubiertas de pelos ondulados y siempre en movimiento cuando el perro está atento o en acción.

CRÁNEO

Ovalado, relativamente amplio, sin que sobresalgan los parietales; el hueso occipital ligeramente pronunciado.

OJOS

Son ligeramente oblicuos. Su expresión es dulce, inteligente y franca. Ambos oscuros en armonía con el manto.

NARIZ

Amplia, con ventanas bien abiertas. Su color armoniza con el pelaje, así como con el borde de los párpados y orificios naturales.

PECHO

Desciende hasta la punta del codo. Es amplio, de costillas suficientemente redondeadas, sin ser cilíndricas. El esternón es ancho y no se levanta mucho hacia atrás. Las últimas costillas son largas y flexibles.

MIEMBROS ANTERIORES

Bien aplomado. Las articulaciones son flexibles y robustas. Con brazos anchos, gruesos, de músculos salientes.

MIEMBROS POSTERIORES

Vistos desde atrás, son paralelos y están bien aplomados. El corvejón es delgado y de tendones aparentes.

PIES

Son más bien redondeados. Los dedos están juntos. Los posteriores pueden ser algo más largos.

Epagneul Bretón

EPAGNEUL BRETÓN

• CRONOLOGÍA MODERNA

Desciende de los pequeños epagneul repartidos por Finistère, la Côtes-d’Amor y Ille-et Vialine, con aportación de sangre de setter inglés. El primer sujeto de la raza fue presentado en París en 1896. Un lote de cría expuesto en 1907 causó grata impresión, interesándose desde entonces los aficionados por la nueva raza. 1907 fue un año señalado para el epagneul bretón: se fundó en Laudéac el primer club de raza. En 1908 se redactó su primer estándar y la Sociedad Central Canina francesa reconoció oficialmente la raza. Los primeros bretones llegaron a Estados Unidos en 1936. Tras la II Guerra Mundial la raza se extendió por toda Europa, sin embargo no llegaron a Inglaterra hasta 1982.

• CARÁCTER

Este perro reivindica una doble vocación de cazador y de compañía. En la casa se comporta obediente, alegre, amigo del juego y sociable. Esto le hace el perro ideal del cazador que vive en la ciudad. En el campo, sobre el cazadero, se transforma en un animal corajudo, voluntarioso y fácil de adiestrar. Dotado de muy buena nariz y activo en la caza. Cuando caza se muestra alegre, vivaz y confiado, infundiendo confianza y ánimo al cazador, aunque no se encuentren piezas.

• UTILIZACIÓN

Es el más difundido de los perros de muestra franceses y una de las razas más populares del mundo entre todas las de perros. En competición ocupa con frecuencia las primeras plazas en los field trials, pues se han seleccionado líneas muy satisfactorias para esta actividad deportiva. En el campo lo caza todo y en todos los terrenos. Como cobrador es muy apreciado, e incluso se le ha utilizado exclusivamente en funciones de retriever. En definitiva, un estupendo perro para caza menor con una gran vocación becadera. Como dice su estándar de trabajo, su búsqueda es inteligente, metódica, sin ser mecanizada, demostrando que el perro caza “permanentemente”, adaptándose a la naturaleza y a la configuración del terreno para continuar constantemente en contacto con su conductor.

• MANEJO PRÁCTICO

Es conveniente realizar una inspección periódica del manto, especialmente después de una jornada de caza, sobre todo en los lugares donde el pelo es más largo y en la base de las orejas, para descubrir eventuales espigas o parásitos. Como tiene tendencia a engordar debe vigilarse la alimentación; en un ejemplar adulto la ración de mantenimiento está comprendida entre las 960 y las 1.060 kilocalorías diarias, pero para los ejemplares sometidos a intenso ejercicio durante los periodos de caza debe duplicarse esta cantidad con un aumento en la dieta de proteínas sobre hidratos de carbono.

 Bretones, la alegría en la caza

No hay un perro de muestra más donoso, alegre y divertido en el campo que el epagneul bretón, perro de contextura fuerte y de enorme vitalidad. Cierto que es más lento que el setter o el pointer, pero lo que pierde en velocidad lo gana en técnica y método, y desde luego no es un perro lento, pues recordemos que es el más veloz de los continentales, con una búsqueda amplia y metódica.
Hablar de sus portentosas cualidades cinegéticas puede parecer un tópico, pero ejerce su trabajo sobre la caza menor de pluma y pelo con precisión. La codorniz del estío, la becada invernal o la perdiz más batalladora no tienen secretos para este completo perro que destaca con igual soltura sobre la liebre y el conejo. Caza con energía insólita para su reducido tamaño, batiendo el cazadero con rapidez, la cabeza en alto, pura tensión nerviosa y potencia muscular. Sabe buscar con inteligencia, muy útil para el cazador a mano, y su olfato cumple con creces lo que cualquiera pediría para la codorniz o la perdiz roja.

EL PERRO DEL SIGLO

El 2008 fue un año importante para la raza, ya que se ha cumplido el primer centenario de la redacción de su estándar. Para celebrar tan importante fecha, el Club francés editó un número especial de su revista en formato de libro, muy recomendable para mitómanos y verdaderos apasionados de la raza, por la gran cantidad de documentos y fotografías inéditas que contiene. A mediados del siglo XX, hace ya más de cincuenta años, el club promocionaba la raza con el eslogan “El perro del siglo”. Ahora, cuando se celebraron estos primeros cien años de historia moderna, podemos asegurar que la frase fue un acierto. Si hay un perro de muestra que haya marcado poderosamente la caza de este periodo histórico, ése ha sido el sencillo pero noble epagneul bretón.
Pierre Megnin, veterinario y cinólogo, publicaría en las columnas de la revista ‘L’Eleveur’ numerosas descripciones y comentarios sobre los primeros estándares de perros de todas las razas francesas, incluido el epagneul bretón, que estableció su primer estándar el 3 de septiembre de 1907 y su modificación y aprobación definitiva se produjo el 7 de junio de 1908. Es un periodo histórico muy rico en la cinología francesa. En la revista aparecen artículos colectivos resultado del trabajo conjunto de algunas de las personalidades más significativas del mundo del perro, como Ronan de Kermadec para el epagneul bretón, o James de Coninck sobre el epagneul francés. Kermadec escribió uno de los primeros libros sobre el bretón, editado en París en 1936, y es el autor de las modificaciones del estándar primitivo en 1938. Muy interesante es también el prólogo de Kermadec al libro que en 1937 publicó R. Munsch con el título ‘L'Epagneul Breton - Historique, Charactéristiques, Elevage’.
En estos años el estándar ha sufrido algunas modificaciones, pero siempre de orden secundario, como la alzada y sus máximos. En todas las razas que se estandarizaron a comienzos del pasado siglo se ha hecho necesario modificar este apartado, pues una buena alimentación y los cuidados veterinarios han incrementado el tamaño de todas ellas. Lo mismo ocurre con las personas, y si no fijémonos en la alzada media del español en 1940 y la actual altura de la juventud. El primitivo estándar fijaba una alzada de 56 centímetros, lo que despertó acaloradas controversias con los defensores de un perro de menor talla, quienes aducían que esa alzada era el resultado de los cruzamientos con setter ingleses habidos décadas atrás para darle velocidad. La polémica se mantuvo viva y es fácil encontrar testimonio de ella en ‘L’Eleveur, Revue Cynégétique et Canine’. Las discusiones cesarían cuando en 1938 se optó por una alzada a la cruz de 48-50 centímetros en los machos y un centímetro menos en hembras.

ALGO DE COLOR

Tampoco el color del manto estuvo en sus inicios alejado de polémicas, pues no eran extraños en la Bretaña los epagneul negros o hígado con blanco, colores que no gustaban en París. El primitivo estándar de 1907 incluía entre los colores admitidos el negro, pero la Société Centrale Canina -SCC, la canina francesa- obligó al Club a retirar el color negro. Es posible que el motivo no fuese otro que la falta de autoridad que por entonces tenían los aficionados al bretón, raza muy nueva, frente a otros epagneuls como el français o el picardie. Los aficionados al epagneul fraçaise, liderados por James de Coninck, que habían establecido su club años antes, en 1896, alegaron que el negro no era un color propio de los epagneuls. El prestigio de James de Connick era fortísimo y se impuso su voluntad. De hecho, para aceptar oficialmente al bretón como raza, se estableció un comité o comisión científica presidida por Connick y compuesta, entre otros, por cinólogos como Megnin, Fleury, Hugueto o Truettel, ligados al mundo de los epagneuls, pero sin compromiso con el bretón.
El error de rechazar el color negro se perpetuó hasta 1956, lapso de tiempo en que el epagneul français se convirtió en una raza minoritaria en tanto que el bretón llegaba a ser el perro más popular de los cazadores franceses. Hizo falta la llegada de Gaston Pouchain a la presidencia del club en 1956 para que las cosas cambiasen. Pouchain, que hizo famoso su eslogan “un perro con el máximo de calidad en el mínimo tamaño”, consiguió que la SCC admitiese el color negro en el estándar. El primer bretón campeón de Francia negro fue “Gitane des Bords de L'Isle”, hembra criada por Henri Bousquet.

PERRO CUADRADO

Como todos los perros galopadores, el bretón debe inscribirse en un cuadrado y así lo recoge el estándar: “La longitud escápulo-isquial es igual a la altura a la cruz (el cuerpo tiene forma de un cuadrado)”. El galopador debe recorrer grandes distancias con buena velocidad. Su estructura física se inscribe en el cuadrado con la finalidad de minimizar el esfuerzo de recogerse sobre el tren posterior en el galope. Podemos decir que entre velocidad y resistencia, el galopador dará siempre prioridad a la velocidad. La inclinación del metacarpo es moderada, como consecuencia de esa prioridad de la velocidad. También pide el estándar una espalda recta y grupa muy levemente inclinada.
El galope es una marcha tremendamente fatigosa, es caminar a saltos. En el bretón encontramos un galope de tres tiempos conocido como galope medio, dos miembros moviéndose separadamente y dos en diagonal, y el galope puro, que se realiza en cuatro tiempos, uno de ellos en suspensión, sin que las extremidades del perro toquen el suelo. Cuando el bretón caza en el campo a todo ritmo el tiempo de suspensión es notablemente prolongado; es el galope volado, aunque generalmente lo veremos desplazarse en un galope medio, con menor consumo de energía y menos cansado, con un tiempo de suspensión menor y un apoyo de las patas traseras y delanteras casi simultáneo. El cruce de las patas traseras y delanteras es menor e incluso inexistente.
El bretón al galopar está inmerso en un proceso de producción y consumo de energía. Las extremidades traseras generan energía empujando al perro hacia el frente y hacia arriba y esa energía es consumida por las extremidades delanteras cuanto tocan tierra. Las extremidades delanteras actúan como amortiguadores, absorbiendo la energía del impulso y reconduciéndola hacia el cuerpo, que se ve proyectado hacia el frente y el perro avanza. El movimiento es diferente en cada raza y por ello se considera un elemento definidor de la tipicidad. El bretón tiene una forma de moverse propia y característica que le define y diferencia de otros perros de muestra.

ORÍGENES MODERNOS

En 1896 se presentó en el Jardín Zoologique d'Aclimatación de París, donde tenían lugar las exposiciones caninas, un ejemplar de epagneul bretón en la clase de “epagneul diversos”, propiedad de M. de Camburg, vizconde de Pontavice. En 1904 la raza vuelve a aparecer en exposiciones cuando el señor Patin expone un macho blanco y marrón. Finalmente, en 1907, un lote de cría formado por varios ejemplares despertó gran interés entre los cinófilos.
Ese mismo año se fundó en Laudéac el club denominado “Club de Epagneul Bretón de cola corta”. La raza sería reconocida por la Sociedad Central Canina francesa el 31 de mayo de 1907, aunque el primer ejemplar registrado en los libros genealógicos lo había sido mucho antes; se trataba de “Boy”, un macho tricolor nacido el 8 de febrero de 1901. El veterinario Grand Chavin redacta el primer estándar racial, que aprobado por Arthur Enaud, presidente del Club, fue ratificado en la asamblea de la asociación del 7 de junio de 1908. El estándar definitivo se debería al gran especialista Ronan de Kermadec, quien procedió a su redacción en 1938. Para De Kermadec la creación de la raza tuvo que producirse en las perreras del vizconde de Pontavice, aficionado a la caza de becadas y destacado importador y criador de setters de Gran Bretaña. Al parecer cruzó una hembra setter de manto limón con uno de los epagneuls de su guarda de caza. En la camada nació una hembra blanca y naranja que el vizconde se reservó y que sería el origen de la raza epagneul bretón.
La mayoría de los ejemplares nacían anuros y hasta 1933 sólo eran reconocidos como epagneul bretón puros los sujetos que presentaban esta peculiaridad. Desechar esta falsa creencia suscitó serias discusiones, pues eran numerosos los aficionados que opinaban que los sujetos con cola favorecían el incremento de sangre extraña, especialmente de setter. No podemos olvidar que hasta 1900 se produjeron diversos retemples de sangre con setter, ni de la trayectoria del vizconde de Pontavice como criador de esta raza.

LOS 10 MANDAMIENTOS DEL BRETÓN

1. Se adapta a cazar en todas las circunstancias climáticas y en todo tipo de terrenos, desde el bosque cerrado y húmedo hasta los secarrales toledanos o la serranía andaluza.
2. Cuando caza se muestra alegre, vivaz y confiado, infundiendo confianza y ánimo al cazador, aunque no se halle caza. Sus correteos, el continuo ir y venir, los zigzagues y vueltas, que a quien no conozca la raza le pueden confundir haciéndole creer que encontró una pieza, cuando son sólo una expresión de su vital modo de cazar, hacen las delicias del cazador aficionado a este perro.
3. Caza con energía inusitada para su reducido tamaño, con rapidez, batiendo el cazadero con la cabeza en alto, mostrando que todo él es pura tensión nerviosa y potencia muscular.
4. Sabe buscar con inteligencia, por lo que es muy considerado por los cazadores a mano, y aunque su olfato dista mucho de la agudeza de las razas británicas, cumple con creces lo que cualquier cazador exige para la codorniz, la perdiz roja o el conejo.5. Muestra con firmeza, siendo el único epagneul que hace tal cosa, y aunque su muestra no sea tan espectacular como la de los británicos, tiene la misma fijeza. Su parada es con la cabeza bien alzada, captando las emanaciones de la pieza que señala al cazador. Entonces vemos su cuerpo tenso vibrar ante la emoción, de modo que casi juraríamos que contiene la respiración para no romper el encanto de ese momento mágico.
6. Tiene de natural el instinto de cobrar, por lo que no precisa el trabajo de adiestramiento que a veces nos exigen los británicos. Magnífico cobrador, buscará con insistencia la pieza abatida, venteando con el hocico al suelo en busca del rastro si la pieza huyó herida, para cobrarla finalmente y entregársela a su amo.
7. Carácter suave que exige un adiestramiento igualmente suave, pudiéndose venir abajo si se le fuerza.
8. Es un perro  de caza completísimo en todos los aspectos, superando en esa polivalencia para la caza menor incluso a razas germánicas muy acrisoladas.
9. Por su manto el calor excesivo puede dificultar su rendimiento, obligando al perro a beber con frecuencia.
10. Se ha bastardeado mucho en España, especialmente con setter y cocker ingleses. Es siempre recomendable adquirirlo en un criadero de prestigio o a través del Club de la raza.

   
 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Como Adiestrar a u Perro


PODENCO ANDALUZ

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NACIONALIDAD

Española

TALLA

Grande: Machos: 54-64 centímetros. Hembras: 53-61 centímetros. Mediana: Machos: 43-53 centímetros. Hembras: 42-52 centímetros. Chica: Machos: 35-42 centímetros. Hembras: 32-41 centímetros.

PELO

Cerdeño (duro y largo). Sedeño (sedoso y largo). Liso (corto y fino).

COLORES

La capa es blanca o canela, o bien integrada por ambos colores. El color blanco existe en sus variantes plateada, mate y marfil; y el canela puede variar desde el claro al canela encendido.

COLA

De implantación baja, o debe sobrepasar en longitud al corvejón. En movimiento debe tener forma de media luna hacia arriba.

CRÁNEO

Subconvexo, con protuberancia occipital levemente marcada. Anchura inferior a su longitud con muy poca diferencia.

OJOS

De tamaño pequeño y forma redondeada. La pigmentación de los bordes de los párpados ha de estar en concordancia con el color de la trufa o pelaje.

NARIZ

De forma redondeada, de tamaño medio, fosas nasales bien abiertas y color miel.

PECHO

De longitud y anchura similar al diámetro bicostal. Caja torácica profunda. Costillares robustos y ligeramente arqueados. Antepecho ancho y profundo.

MIEMBROS ANTERIORES

Bien aplomados, musculosos y bien proporcionados en relación al cuerpo.

MIEMBROS POSTERIORES

Muy fuertes y de gran desarrollo muscular, con muslos largos y anchos. El corvejón presenta tendones fuertes.

PIES

Pie de forma redondeada, ni de gato ni de liebre. Con dedos fuertes y uñas de color blanco o castaño. Los traseros algo más abiertos que los delanteros

Podenco andaluz 

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• CRONOLOGÍA MODERNA

Durante años recibió diversos nombres. El más generalizado fue el de podenco ibérico, también podenco español, podenco ibérico andaluz, podenco andaluz de rehala y podenco rondeño. A partir de 1982, en el Simposium de las razas caninas españolas de la Universidad de Córdoba, y especialmente tras su reconocimiento, se ha afianzado la denominación de podenco andaluz. Fue reconocido como raza por la RSCE en 1992 y obtuvo el reconocimiento oficial del Ministerio de Agricultura mediante el Real Decreto 558/2001, de 25 de mayo.

• CARÁCTER

Dotado de gran inteligencia, nobleza, sociabilidad y siempre alerta. De justas reacciones a los estímulos, que denotan un carácter vivo y equilibrado. Muy cariñoso, sumiso y leal con el dueño, aunque rompe este vínculo ante el castigo injusto. Todo ello le confiere una gran capacidad para el adiestramiento.

• UTILIZACIÓN

Es un perro nacido para cazar, con un excelente olfato y muy resistente a la fatiga. No se amedrenta ante nada, es metódico y rápido en la búsqueda, con un latir alegre tras la pieza, tanto en la caza mayor como en la menor, siendo un excelente cobrador de pelo y pluma, ya sea en agua o en terreno accidentado.

• MANEJO PRÁCTICO

Las necesidades alimenticias de mantenimiento han sido calculadas en 1.350 kilocalorías diarias para los machos y 1.200 para las hembras. En los ejemplares utilizados en la caza esos valores deben llegar a duplicarse para contrarrestar el excesivo gasto de energía. Por su ímpetu sin límites puede forzársele en el trabajo más allá de lo conveniente para su salud, por lo que es conveniente alternar la caza con el reposo.

Podenco andaluz

La vasta campiña andaluza es el medio que ha forjado esta raza de perros de caza. Una tierra caracterizada por sus altas temperaturas y la falta de precipitaciones, en la que se alarga la estación seca hasta seis meses -y más-, y se registran temperaturas que superan en muchas ocasiones los cuarenta grados, lo que implica una máxima evaporación. Así, el podenco andaluz hubo de nacer seco, enjuto, rústico y frugal en sus exigencias, pidiendo poco y dando mucho. Es el representante de una tierra en la que el que no cumple, no vale.
El podenco andaluz es un perro de caza único y excepcional para los montes hispanos. De las distintas poblaciones podenquiles de nuestra tierra, el ibicenco, el canario, y el andaluz, posiblemente sea éste último el más bastardeado frente al tipo original de la raza, conservado más genuinamente en las islas. Debemos tener en cuenta que los más antiguos vestigios de la existencia de perros de tipo podenco se remontan a unos nueve mil años antes de Cristo, concretamente en la estepa sahariana, en la edad mesolítica. Según afirma Przezdziecki en su libro ‘Los lebreles en la Prehistoria’, los podencos llegaron a Hispania de la mano de los fenicios. En tanto que en las Islas Canarias y Baleares, por el efecto de aislamiento que crea la insularidad no hubo apenas mestizaje con otras razas, en la Península, en el campo andaluz, pronto se cruzó con los perros del país, rastreadores o de muestra. De ello resultó un animal de menor talla que el podenco ibicenco pero de mejores cualidades cinegéticas -ya que no se circunscribe sólo al conejo- y mucho más dócil, lo que permite un más fácil manejo del animal por parte del cazador, y con una notable menor agresividad intraespecífica, lo que ha favorecido su integración en rehalas y colleras de todo tipo.
En el mediodía hispano se le utiliza tanto en la caza mayor como en la menor para ir tras el conejo, y ocasionalmente también se emplea para la liebre e incluso la perdiz. Es digno de reseñar que algunos tienen una muestra tan firme y sostenida como pueda tenerla el mejor perdiguero. Con rasgos gruesos podemos situar su acción cinegética entre la de los perros rastreadores (sabuesos y grifones) y los de carrera (galgos), pues no puede actuar como los primeros por ser menos sagaz su nariz, ni como los segundos por ser menos veloz que los corredores, aun cuando en su acción cazadora rastrea, otea y corre la pieza. Es el único perro que realmente caza por igual con la vista, el olfato y el oído.

LIBRE DE MODAS

Sin duda, la tardía entrada del podenco andaluz en los anales de la cinofilia oficial en nada perjudicó a la raza. LaReal Sociedad Canina de España no reconoció su existencia hasta 1992, dándose la paradoja de que por entonces había más podencos en el agro andaluz que la suma total de las restantes razas autóctonas en todo el territorio nacional. Y digo que no perjudicó, y casi afirmaría que fue beneficioso, porque en tanto otras razas autóctonas debían competir con razas alóctonas, siendo generalmente desplazadas por ellas -el sabueso español por los sabuesos franceses, o nuestros perdigueros burgaleses y pachones navarros por los perros de muestra británicos-, no hubo raza alguna que pudiese competir con los podencos andaluces en su rendimiento en el campo.
Como un farallón inamovible, el podenco andaluz aguantó todos los envites de las modas gracias a su rendimiento funcional y a su capacidad de adaptación. Es un perro de caza para cazadores, un perro alejado del antojadizo mundo de las estructuras cinófilas, donde los gustos personales de tal o cual juez o las modas imponen el valor de los perros por encima de sus cualidades funcionales. El tardío reconocimiento permitió que la raza fuese seleccionada de modo natural, empleando la utilidad como baremo y eliminándose aquellos ejemplares inútiles para la caza, por muy hermosa vitola que poseyeran. La dicotomía entre criar un perro de caza o criar un perro con papeles (pedigrí) ha dañado profundamente a muchas castas de perros cazadores; por suerte no al podenco andaluz.

CAZA MENOR

Ninguna raza canina es tan genuinamente característica de la cuenca mediterránea como los podencos, ecotipo de perro conejero. Los podencos andaluces en talla mediana y talla chica, tanto en pelo liso como duro, son una de las mejores opciones para el aficionado a la caza del conejo. En ocasiones he asistido a controversias sobre las bondades de una determinada talla o manto para cazar en los zarzales, pero la verdad es que en los tipos mencionados estas diferencias pasan a un segundo término cuando nos encontramos con un podenco vehemente, cazador, con el empuje que caracteriza a la raza. Estos podencos responden bien en los más variados terrenos y cazaderos, como prueba su amplia difusión en toda la comunidad andaluza y en la parte sur de Castilla-La Mancha. Ya sea en las serranías o en los llanos mesetarios, en los zarzales o las chumberas, ya sea rica o escasa la vegetación, suave o arisca, el podenco mediano y chico es una opción ganadora para el conejo, la liebre y la perdiz al salto. Da gusto verles batir los lindazos cubiertos de maleza y los sotos para desalojar con sonoros ladridos a los conejos, a los que persiguen en rauda carrera.
Los podencos andaluces son capaces de casi todo, y hay que verlos trabajar en su doble condición de levantador de conejo y perseguidor por el rastro para entender el sentido profundo de un estilo de caza milenario, conservado gracias a su eficaz rendimiento. Son perros que laten lo necesario y trabajan con rapidez, que no derrochan energías en dar espectáculo sino que la dosifican, de ahí su fama de incansable en el monte.

PERFECTO PARA LA CAZA DE PELO

Observando la morfología, el aspecto externo de un perro, vemos cómo ha ido modificándose para su adaptación a un tipo de caza y piezas concretas, lo que nos permite deducir su estilo cinegético. Unos rasgos morfológicos bien definidos señalan al podenco como indiscutible cazador de conejos. Analizando su estructura física observamos una oreja de tamaño medio a grande, envelada, dirigida al frente pero dotada de gran movilidad para captar los ruidos que emite el conejo en sus desplazamientos. Los ojos están posicionados semilateralmente, otorgándole así una visión panorámica, un gran angular de visión para detectar cuanto pasa en su entorno.
Otros rasgos de su fisonomía nos enseñan además su perfecta adaptación al Mediodía hispano, caracterizado por altas temperaturas. La piel bien pegada al cuerpo, con ausencia de panículo adiposo, que le permite el trabajo en los días de más calor sin menoscabo de su salud, y unos pies apretados, de dedos bien recogidos, necesarios para moverse por terrenos secos y áridos.

MODO DE CAZAR

El estilo de caza de los podencos es muy personal y muestra claramente que es un especialista. El porte de la cabeza es el de un perro que busca la pista sobre el terreno, por lo tanto es tendente a ir bajo, con el morro no muy distante del terreno. El rabo, formando un amplio arco, señala con vibraciones las fases de la busca. Las orejas alternan la máxima erección durante la búsqueda con una menor tensión perceptiva, pero sin llegar nunca a estar relajadas. Cuando el podenco detecta una pieza de pelo se produce una armónica fusión de cualidades físicas, psíquicas y fisiológicas en las que se incluye el tono de voz, el movimiento y el equilibrio psíquico. Por su naturaleza emplea a la hora de cazar todos sus sentidos (olfato, vista, oído), pero también todo su cuerpo, transformado en energía cinegética, así como una cualidad que es única y que no posee ninguna otra raza de perros de caza: la astucia. El podenco es hábil para engañar y para evitar el engaño; caza con sigilo, silencioso, cuando las circunstancias así lo reclaman, pero es alborotador, con ese latido estridente y llamativo que posee, cuando se necesita.
El podenco no atropella la pieza, no la espanta; actúa con método, con sutiliza, del mismo modo que se desplaza en el monte por los túneles y pasadizos que las piezas hacen entre la maleza. No es una imposición del exterior frente a esa naturaleza, ante un determinado hábitat y piezas, sino que forma parte de ese mundo, está en comunión con él. A diferencia del perro de muestra, que va de la civilización a la naturaleza, el podenco es naturaleza en estado puro; de ahí emanan sus insuperables cualidades de cazador.
La caza en terrenos quebrados, en monte muy cerrado o en zarzales es muy dura, una hora de trabajo del podenco en estos terrenos es equivalente a varias horas de esfuerzo del perro de muestra en el llano, sacrificio al que hemos de añadir las altas temperaturas. El conejo es un animal muy sereno, que aún ante el mayor peligro conserva la sangre fría, y puede por ello ofrecer un gran reto a los podencos. Cuando el andaluz localiza el conejo se transforma, queda inmóvil, en tensión para verificar que la pieza está allá escondida. De ser así la cola parece cobrar vida propia, moviéndose a izquierda y derecha a gran velocidad: es un movimiento mecánico, producido por la enorme tensión nerviosa a la que se encuentra sometido el podenquillo. De pronto surge el latido característico de la raza y empieza a jipiar: es el ladrido de aviso que dará paso a una historia mil veces repetida, el combate entre el predador y su pieza. Gira el perro alrededor de la mata buscando el punto para atacar, manteniendo el cuerpo arqueado y estirándose para no perder de vista el sitio donde estima que se encuentra la pieza. Generalmente entra en la mata o zarzal por el lado opuesto al cazador para que el conejo salte de cara a la escopeta. En ocasiones la habilidad del podenco o la torpeza del conejo permiten que el perro salga llevando la pieza en la boca, pero por lo general el can emprenderá una veloz carrera tras el conejo, latiendo con entusiasmo.

AYER PAZ, HOY CONFUSIÓN

Comencé hablando del tardío reconocimiento del podenco andaluz por la Real Sociedad Canina y de cómo eso no representó un inconveniente para la raza, que por su innegable utilidad no fue desplazada por ninguna otra. Sería de suponer que tras el reconocimiento todo sería miel sobre hojuelas, pero no fue así. Al poco tiempo del reconocimiento por parte de la RSCE ya teníamos dos clubes de la raza enfrentados: de un lado el primero en crearse, el Club Nacional del Podenco Andaluz, constituido en junio de 1990, y posteriormente, al retirarle la RSCE la raza por disidencias entre sus directivos, la Asociación Española de Criadores y Aficionados al Podenco Andaluz y Maneto.
Es sorprendente ver cómo una raza que ha permanecido sin rencillas durante miles de años, en cuanto es tocada por la denominada ‘cinofilia oficial’ se convierte en un avispero de disputas. Hay un divorcio claro entre los usuarios de perros de caza, los cazadores, y las estructuras cinófilas, que en el caso del podenco andaluz se ha puesto de manifiesto desde los primeros pasos para su reconocimiento como raza. Antes de ese reconocimiento, la RSCE convocó en diversas ocasiones a los podenqueros andaluces para que acudiesen con sus perros a concentraciones donde sus técnicos se encargarían de estandarizar la raza. Los podenqueros andaluces respondieron a la llamada acudiendo en importante número, pero con más curiosidad que entusiasmo, pues el hombre del agro andaluz sabe desde hace milenios que poco puede esperarse de lo que no es el propio trabajo personal. Los cinófilos que desde Madrid habían acudido a aquellas concentraciones a impartir cátedra se llevaron la sorpresa de ser los alumnos de una sabiduría milenaria, la de los hombres que han criado y cazado con podenco andaluz desde que el mundo es mundo. Este perro, el más auténtico y genuino de los nuestros, todavía hoy lucha por mantener una señas de identidad alejadas de la burocracia de la corte. A pesar de ello la raza vive un buen momento, pues cada vez es mayor el número de buenos perros, animales notables en su categoría, a los que se exige no sólo rendimiento en el campo, sino también cumplir las exigencias zootécnicas en cuanto a su morfología, carácter y crianza. El podenco andaluz afronta el futuro con la certeza de que está a la altura de la demanda de una sociedad que pide perros de caza completos, donde la funcionalidad no se ha puesto al servicio de la belleza.